Sobre Óscar y Paco

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En la reciente edición de los Premios de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood veíamos de nuevo en la lista de candidaturas películas que hablan de la Historia de Estados Unidos. A día de hoy, hasta mis gatas saben quién es ese hombre alto de chistera alargada que consiguió, aún enfrentándose a su propio partido, abolir la esclavitud en Norteamérica en 1865. Y no es la primera dedicada a su decimosexto presidente, pues Griffith o Ford, con distintos enfoques, pero con el mismo sentimiento de admiración que el rey Midas, ya lo hicieron antes.

España no es la primera democracia del mundo, no. Pero, chico, a pesar de los vaivenes del XIX, aquí, entre 1802 y 1813, un diputado de las Cortes de Cádiz, el abolicionista Isidoro de Antillón, trabajó y dio su vida exactamente por lo mismo. Apuñalado en un callejón, moriría un año después, en 1814, a la edad de 36, a causa de sus heridas durante su traslado, preso, a Zaragoza, donde iba a ser ejecutado por orden de Fernando VII. ¿Dónde está la película? ¿Y las de Blas de Lezo o Bernardo de Gálvez? Frente a los poco más de 230 años de EE.UU. como país, sólo en Historia tenemos más materia prima: héroes, en todos los campos; victorias, y, por qué no, derrotas, que también las hay gloriosas. Pero ya se sabe que aquí el orgullo por lo que suene a España brilla por su ausencia. Nos huele a rancio, a Franquismo, y, oigan, eso no es todo.

En los numerosos “top manta” que veo por Madrid se encuentran por lo general las de Oscar, lo que hace preguntarse si esta gente hace estudios de mercado antes de quemar discos. Eso sí, americana o española, las salas de cine, casi vacías… Hasta aquí nada extraño, porque los fines de semana la entrada sale a unos 8 o 9 euros. 

Y con motivo de los Goya, salía de nuevo a la palestra la polémica por la financiación del Cine español. Por una parte, surge la crítica fácil, cuando buena parte de las ayudas proceden de la televisión. Pero, ante una situación de graves recortes, en materias tan importantes como la Sanidad o la Educación -muy a pesar de los presuntos casos de corrupción- también hay que reconocer que la ciudadanía no entienda que una parte de sus impuestos, por mínima que sea, vaya a parar a la realización de películas que, por falta de dinero para promoción o distribución, o porque simplemente no son “Lo imposible” o “Los otros” -que es el argumento general-, se quedan en una estantería. De momento, y a pesar de mi reivindicación de la textura del celuloide, las tecnologías han evolucionado abaratando los costes de producción, y eso es un apoyo fundamental a lo que es Arte, pero que, en opinión de muchos, también debería ser Industria. Hace algunas semanas, antes de la ceremonia, leía en un periódico unas declaraciones de Maribel Verdú diciendo que nuestro Cine había muerto. No creo, le queda la posibilidad de renovarse.

@Jon_Valera

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