Londres “napoleónico”

Este año he tenido la oportunidad de visitar por primera vez la ciudad de Sherlock Holmes, las cabinas telefónicas de color escarlata (que ya no tienen el uso de antaño…), Mr. Bean y la niebla. Ya era hora, supongo, después de haber estado dos veces en Irlanda. Pero, como siempre me pasa, buscaba algo más allá de lo típicamente turístico… En especial, las huellas de la época Napoleónica. Y algo encontré.

Lo primero que te topas es la archiconocida Trafalgar Square con el monumento a Nelson, símbolo del poderío naval británico con exaltación de la victoria cosechada en la batalla del 21 de Octubre de 1805 contra la flota franco-española frente al Cabo Trafalgar. El español puede pasear tranquilamente por allí con la certeza de que las alianzas y acuerdos que establecieron los gobernantes de entonces no fueron los más acertados y que todo fue culpa del inútil del vicealmirante francés Villeneuve. No sólo eso, el brazo que en todas sus representaciones le falta al almirante inglés le fue arrebatado por el impacto causado en su navío por el cañón “Tigre” cuando intentó tomar infructuosamente Tenerife en Julio de 1797… Más o menos, estamos empatados. Si no sacamos a Lezo o a Gálvez

Otro de los lugares más visitados de la capital inglesa es la Torre de Londres, de la que el Duque de Wellington fue Gobernador. Junto a antiguas armaduras, una vitrina diferenciada muestra la casaca de Wellesley para este cargo, su máscara funeraria, un sable y el catalejo que utilizó en la batalla de Waterloo. Y en el patio se pueden contemplar, con las cureñas reconstruidas, los cañones tomados a Napoleón, ante lo que se llama “The Waterloo Barracks”, unos cuarteles que se comenzaron a construir en 1845 para una guarnición de mil soldados y cuya primera piedra fue colocada en solemne ceremonia por Wellesley. Aunque actualmente se han reducido para albergar oficinas y la Casa de las joyas de la Corona del Reino Unido, como podéis ver, la guardia sigue activa.

Relacionado también con el dublinés, junto al grandioso Hyde Park, encontramos su ostentosa residencia y, frente a ella, el Arco de Wellington, mandado construir en 1825 por Jorge IV como símil del Arco del Triunfo de París, y su estatua, que, desde 1846 a 1912 se ubicó sobre él. La magnífica escultura ecuestre se encuentra flanqueada por cuatro soldados de unidades que intervinieron en la batalla de 1815: 42nd Royal Highlanders, 23rd Royal Welsh Fusiliers, 6th Inniskilling Dragoons y 1st Guards.

Y visita obligada es ir al Museo Británico sólo por admirar la Piedra de Rosseta, llave de los jeroglíficos tomada por las tropas británicas a las galas en la Campaña de Egipto (1798 – 1801); aunque finalmente, y sin tenerla in situ, fue descifrada a partir de copias en papel por el francés Jean-François Champollion, el considerado padre de la egiptología. Eso sí, lo que cualquier hispano que pase por allí, y más si es gaditano, no puede dejar de buscar es el mortero largo “á la Villantroys” que se conserva en la Horse Guards Parade, uno de los fabricados en Sevilla por orden del mariscal Soult que asediaron Cádiz en 1812. Yo tuve que buscarlo entre gradas y bajo la atenta mirada de un guardia (se aproximaba el Jubileo de la reina…), pero mereció la pena estar ante aquel invento.

Por último, decir que, por casualidades de la vida, entre otras, me di de bruces en la Waterloo Place con la estatua de Colin Campbell, militar que combatió en la Guerra de la Independencia española como oficial del 9th Regiment of Foot (no confundir con el teniente gobernador de Gibraltar en la misma época), y, aunque se desmarca un poco de lo que contaba, curiosamente, con la casa donde vivía el vicealmirante William Bligh, famoso mando de la “Bounty” original cuando ocurrió el motín de 1789 volviendo de Tahití (plasmado en tres películas, en 1935, 1962 y 1984).

Por supuesto que fui al Museo Imperial de la Guerra, pero, aunque es un gran museo (increíbles las colecciones y la recreación de una trinchera…), está centrado, sobre todo, en las dos guerras mundiales y sus consecuencias (por cierto, con pequeña sección dedicada a la Guerra Civil Española), sin el más mínimo rastro de Boney, ni siquiera de Wellington…

@Jon_Valera

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